Una poesía de la Ética

Una Antología es un recuento, pero no sólo de páginas sino de recuerdos. Es una forma de acceder a obras ya perdidas tiempo atrás. Algo que permite captar la evolución del artista, el escritor, sus temas recurrentes, el análisis comparado e incluso la función de cada texto y/o libro en el conjunto. Es evidente que escoger de cada obra lo esencial es el fundamento. Se queda fuera lo reiterativo, lo irrelevante. Se trata sobre todo de un esfuerzo de síntesis dado el ingente material que se ofrece a estudio. Lo sincrónico va a desembocar en la diacronía, resumido en un producto nuevo y diferente. La música de las palabras y el color de las letras se encuentran en el ritmo que es la esquina donde se advierten el sentido y dirección de la marcha, el cambio, a otra perspectiva. Y la pregunta tendrá o no oportunidad de un volver atrás o si es coherente el nuevo lenguaje de la marcha. La poeta observa la tendencia de lo escrito hasta esa hora. Y lo expresa como en el poema a Arturo Maccanti y su Cantar en el ansia: ´

Para cantar el ansia
El mar, el volcán y la isla
Raíces de árbol
De un viajero insomne,
Porque uno escribe lo que
Eres tú-decías-
Un único poema

Las hasta ese momento influencias que se presentan abiertas a nuevas direcciones. El discurso levita y deja atrás una existencia que imperecedera, se ha metamorfoseado en nueva realidad.
Caen nombres, viajes, historias, engaños y deserciones y hallazgos. Todo lo capital que se ha fundido como el bronce de las campanas: del agobio por lo no dicho, por lo sentido y agazapado en el alma. A los pies del verso, los acólitos no paran de aplaudir o quizá ni se escuche el aliento de sus palmas. Se vuelven a recorrer calles y playas donde se estuvo solo, cuando se era valiente y el arrojo obligaba a romper con prometidos futuros inoperantes.

No se puede desafinar
En los regímenes de la adultez
Un mundo de traficantes de ilusiones huecas
Vendiendo Arte, papeles Neurolépticos

Y la mente desclasifica los secretos a veces inconfesables que reservaron lo imprudente. Se sospecha que el color ha ido cambiando y que pasos o zancadas se estiran en la rayuela desde aquella blanca inocencia hasta el arcoíris juvenil y el perla de ahora con su fuego quemador. Qué se dijo entre líneas. Cuánto se arriesgó en cada combate. Qué ajuste de cuentas era necesario.
En Aportaciones sobre poesía comprometida en Canarias 2016, nos clarificaba el significado y la génesis que tiene el término compromiso aplicado al arte poético. Es el célebre “engagement”, que tantas discusiones deparó sobre el arte y el artista en la confluencia de las vanguardias y el movimiento fetasiano, por ejemplo. En su discurso establece puntualizaciones como patrones plausibles para que el artista baje de la torre de marfil a la calle a integrarse en la colectividad, aduciendo sobradas razones para apostar por la subversión del lenguaje poético.

Se olvide del signo
De la semiótica,
Del significante
Y del significado

Escenarios interculturales, fusión de las artes, viajes a Berlín y proyectos colectivos como Fly poems con traducciones a varios idiomas y didácticas para acercar a los más jóvenes al mundo de la poesía, nos presentan a Isabel Guerra como una vigía alerta en el medio social y cultural, que hace filosofía de su quehacer literario a la busca de la esencialidad, de lo universal y eterno de un mundo transformado. La poesía es insumisión a retóricas pasadas de moda, dice, un idealismo subversivo, una estrategia minimalista pero donde los personajes no puedan existir sin un paisaje. Y así su análisis se continúa en expresiones como poemas-herramienta, versos bala, poemas pistola, que puedan ser impulso si hace falta hasta para que unos presos políticos sean liberados de sus cárceles. Es Poesía Urgente, donde debe haber barro, con perdón para los poetas poetísimos, nos dice, recurriendo incluso al feísmo expresivo, porque ningún hombre puede ser hoy neutral. Poesía humana, solidaria y con deseos de justicia y libertad, una sensibilidad que nunca se ha perdido, nos confirma, desde los poetas provenzales hasta la actualidad. Deseos de una poesía de agitación frente a la anestesiada sociedad. Como ella misma dice: la paz no se construye sólo con palomas.

Dedicado a Artaud
Los poetas están de paso
Desde siglos,
No es remunerable
Su oficio

El instinto indagador, la búsqueda del esquema, los riachuelos por donde la poesía y la ternura se materializan en estos libros, afloran con el deseo de la autora de contrastar la pulsión crítica con la dulce ensoñación de un intimismo escrutador. Por eso nos conmueve su reiterada visión del drama y quietud insana que lleva apareada esa negación del emprendimiento entusiasta, voluntariedad, tantas veces denostada por ilusos y carcas de la cultura, pero nada escapará ni quedará sin memoria en estas páginas. Ninguna fotografía se extraviará en existencias sin vitalidad y voluntad de seguir siendo, así rescata a quienes ha sido donado el premio de la expresión escrita. Decir Isabel Guerra es afirmarse en la legítima legalidad, necesaria, consuetudinaria, la limpieza de miras. Una mujer que como una pluma flotaba entre la efervescencia revolucionaria con bríos imparables allá por los setenta y que ahora desde el mismo carácter vitalista, incorpora la meditada cosmovisión.
Y late en su ontología poética Heidegger y Spinoza, la serenidad para las cosas y la apertura al misterio que nos prometen un nuevo suelo y fundamento sobre el que mantenernos y subsistir, abriéndonos la perspectiva de un nuevo arraigo. Inmanencia finita en un orden infinito: desde lo imaginario hacia lo racional y luego desde lo racional hacia la ciencia intuitiva, la mayor comprensión del modo humano y su entorno natural mediante la investigación …la quietud no es inacción sino acción adecuada emprendida por una subjetividad que busca su mayor potencia en medio de una finitud libremente aceptada.
Antologizar es domar crestas de olas que acuden a la arena abstrusa portando sucesivas emociones, aunque el ritmo sea hoy el de un sunami o una calma chicha. Los pescadores saldrán cada noche, mientras los poetas recogen las redes de sus sangrantes heridas. Y a lo lejos hay luces de remeros en la estela del mar.
Lo más recurrente es sin duda a lo largo de estas páginas, la fugacidad del tiempo, los atardeceres mágicos de cada día, Así

cayendo la tarde o sus rayos rojos
dulcifican los rostros,

la solidaridad con los vencidos y perdedores. La necesidad de arremangarse y luchar por la justicia. Todos, valores y actitudes de hondo universalismo. Las metáforas y construcciones líricas van siendo más atrevidas y vigorosas a medida que se avanza en la antología. Hay una eclosión del color y la luz que se vuelve imprescindible en todos los rincones del poema. Así hasta que una catarsis y una implosión progresiva haga decir lo que hasta entonces era preferencia por las pintadas callejeras y las pancartas reivindicativas. Los diferentes viajes y travesías junto a la afluencia de un cierto orientalismo han vuelto a la autora más intimista, aparece entonces el sentimiento del mar con más frecuencia, la autofagia que roe todo lo prescindible; el nosotros ha descubierto al yo poético que se manifiesta tanto en alta mar como en cosas pequeñas, aparentemente intrascendentes, para engrandecer el instante con la certeza de que un día ya no estaremos. Se sorbe toda la vitalidad, no hay tristeza si se está cantando. Y así, todos aquellos paisajes poperos, otros freudianos descubrimientos y visiones de los bayous y el blues, se contorsionan frente a pueblos medievales, otros sitios, otras lenguas. Y primigenias lecturas como nuestro recuerdo de la habitación donde el Quijote se hizo caballero andante, han vuelto como un tango para que el hambre descuelgue a la poesía del guindo del habla muda y del escarnio.

Y así sabemos que muchos críticos y teóricos de la crítica durante el siglo pasado insistieron en la autonomía de la obra, independiente tanto de su creador como del observador. El “formalismo” de autores como Jakobson o la “nueva crítica” americana e inglesa. Todos estos enfoques los estudió Isabel Guerra durante sus años universitarios y los combinó con otros de psicología en las aulas de las facultades adonde asistió y donde peleó en una época dorada del movimiento estudiantil, que quién sabe si podrá ahora mismo retomar nuevos bríos. Son enfoques que abarca la fenomenología y el existencialismo donde encontramos obras como las de Mikel Dufrenne y que ante la pregunta de qué diferencia los objetos estéticos de las demás cosas mundanas encuentran: la personalidad propia, el mundo expresado de cada obra, la combinación del ser en sí de una presentación con el ser para sí de la conciencia, cuyos abismos hablan a los nuestros en cuanto personas. Ese fenomenalismo existencial que está en Sartre o Heidegger sugiere posibilidades para una filosofía existencialista del arte en la idea central de “existencia auténtica”, posibilidad que solo ha empezado a formularse según Beardsley, pero que Isabel Guerra hace suya. La psicología freudiana también estudió la naturaleza de la creación y valoración del arte apelando a conceptos como empatía, distancia psíquica y sinestesia, investigadas con métodos introspectivos.
Cómo se resuelve la complejidad que entraña visualizar el cauce de la poesía de nuestro tiempo arañando en el pasado, buceando en vidas y escrituras sin abismarse al historicismo y dar unidad a una obra y que adquiere intensidad en cada uno de los ensayos cuando la poeta hace brillar su tono en destellos catárticos, iconoclastas, inconscientes, y hacernos confrontar arte, verdad y moral con los distintos modos de conciencia. Sé que para algunos apreciar una obra no precisa salir de ella para consultar historias, hechos, lo que llenaría nuestra mente de asuntos irrelevantes que nos distraerían de las formas internas y sus relaciones; para otros el conocimiento de tales hechos enriquece su experiencia global. Podríamos ahondar aquí en cómo la autora aborda o ensaya su crítica, desde lo expresivo o desde lo simbólico. Para algunos formalistas como Clive Bell, la literatura difiere mucho de las otras artes y su apreciación implica “valores vitales”, así que la apreciación de la literatura no sería primariamente estética. Por el contrario, para otros, la literatura, aunque de naturaleza distinta, no viola la exigencia de tal apreciación ya que el conocimiento de la naturaleza humana es algo que llevamos con nosotros a la obra de arte.
Es conveniente en este aspecto observar el modo de ensayar sus criterios en lo que concierne al análisis de varios poemarios, y contrastarlo con su modo de aprehensión de las obras pictóricas o la narrativa, lo que lleva a cabo al final de los 19 ensayos literarios. Y por último ¿es el arte sirviente de la moralidad o es la moral sirviente del arte?
Cuando hace unos años se aproximaba al análisis de la Poética insular canaria comenzaba haciéndose preguntas y extrayendo conclusiones como “La poesía es el poder de carecer de poder”. De otra parte, declara que la producción literaria en Canarias ha estado signada por los que detentan ese poder, los escritores sistémicos, según algunos; por los que agrupan, reconocen, clasifican y simplifican, a pesar de lo cual finaliza aclarando que la Poética Insular comienza a ser considerada en el panorama nacional e internacional, pues se nutre del surrealismo europeísta, de la poesía visual, del vanguardismo y de la posmodernidad estilística.
Parece evidente la buena salud de la poesía insular, al menos por la cantidad de aportaciones de sus autores y un síntoma que es o debería ser evidenciado en el resto de las artes. Isabel Guerra García en la evolución de sus fundamentos no pierde de vista los grandes faros que han alumbrado el devenir de la creación literaria y artística en un archipiélago que se sacude los complejos y mira a los cuatro puntos cardinales con la grandeza de la virtud de la modestia y su insaciable voluntad de un nuevo arraigo.

Guerra hará circular la poesía de la palabra por entre el declive de los grandes discursos emancipadores del que sólo parece quedar en pie el feminismo y poco más que unas débiles pavesas, aunque esperanzadoras luces, de individualismo regenerador. Se trata de apartarse de la masa y de su cultura, para visualizarla desde el alminar de otra mirada contracultural; eso parece expresar cuando dice: Dejar atrás dialécticas y dogmas; de configurar un nuevo decálogo de virtud, para arpegiar otras melodías con los instrumentos de aquel naufragio, pero atendiendo ahora a voces emergentes de otra íntima sensibilidad en su lenta marcha al abandono de los privilegios patriarcales. La hija, la hermana, la madre, la amiga, la amada, la abuela, la amante, la compañera, la cómplice, son sujeto y complemento dados en el lenguaje ineludible del ser. Trascendentales en la comunicación e ineludibles en la existencia que van asomando desde el primer poema: caballos salvajes, campos de vacas, manos curtidas sonriendo a la aurora, el laboreo y el ordeño en la tarde atardecida, nos dice en el poema feminista, al que sigue la mujer saharaui con viento que galopa a lomos de un camello o sueños de futuro a cuestas con la vida. En el poema Enero ya aparecen las guerras de poder, la invisibilidad de la mujer más allá de los crímenes y golpes de pecho, las mezquitas y las iglesias ¡Oh, Palmira en un mar de estrellas! Ese terror que se articula en secuestros y violaciones de mujeres. En Abidjan se recorren los suburbios, se escuchan las noticias, la explotación se hace patente, aunque a lo que se aspire, lata oculto y navegue en un mar utópico de futuro.
En el poema Ir se muestra un discernir los pasos de la ternura y en Paisaje sin conciencia destaca una común y trágica imagen: asesinando al objeto del deseo en el mar del suelo de tu aliento. Le suceden luego poemas como La cafetera que ríe al dar los buenos días en su explosión de aroma o Mercadillo de domingo donde se homenajea a estas gentes que vienen de los altos con los brazos abiertos. Creando un escenario cuya atmósfera es el olor a campo y los frutos de la vida: ciruelas de Tejeda, calabazas enormes, queso de flor, pan de leña, berros o zanahorias, personajes que son frutos de la tierra. Todo ello se construye en contraste con experiencias de sus viajes por el extranjero Sáhara, Venecia, Búfalo, Palmira, Abidjan etc., una vuelta a casa, una reivindicación del arraigo en complementariedad con el otro, con la otra. Con todos.

En tres de las últimas ediciones de esta poeta*, tanto en Soles Cotidianos como en Del amor, de la vida, de la libertad, así como en 19 ensayos literarios, encontramos la línea evolutiva de una lírica y de una ensayística que combina elementos intimistas con otros de eco social. Es una poética que en este caso avanza desde el cosmopolitismo hasta lo local en un torbellino emocional y vitalista que desembocará siempre en ese arraigo de universalidad tan de relieve en la poesía insular de todos los tiempos. En Mujeres 8 de marzo La autora se lanza a escribir a tumba abierta con el tema de género por bandera en una auténtica celebración de las conquistas de las mujeres en las sucesivas e históricas olas reivindicativas. No elude con ello los grandes temas, todo lo contrario, ni los grandes cambios, ni las grandes preocupaciones del ser humano que desembocan en este siglo veintiuno para hacer sonar la campanada de un compromiso que quiere ser latencia en cada mirada ya en lo cercano y cotidiano ya en lo más trascendente. Y es que esa inmanencia del ser no renuncia a la transformación de las coordenadas espacio temporales que vive y que precisan de una voz íntima o de la megafonía que transforme y reemplace las vetustas estructuras por libertades aún no conquistadas. Y ¿a quién corresponde esta tarea? se pregunta ¿no está en manos de la política el arte de esa revolución?

Para algunos, cuando nos interrogamos sobre el sentido del mundo que cualquier texto lleva en su interior, comprender es mucho más que desmenuzar para poner al descubierto sus interrelaciones, y es preciso dejarse llevar por el texto en la dirección abierta por el mundo que lleva dentro. De este modo para Hans-Georg Gadamer el texto como concepto hermenéutico está esencialmente destinado a la interpretación y cuyo primado del contenido es incuestionable. Para Eric D. Hirsch los verdaderos artífices de la significación no son los textos, sino sus lectores y para Paul Ricoeur son nuevas maneras de estar en el mundo, así el texto se presenta para su autor como una realidad henchida de significado a la espera de receptores que se la apropien, y ahí culmina el proceso de interpretación. Por todo ello y desde una óptica hermenéutica de la experiencia literaria, el texto tiene una significación muy distinta de la que le reconoce el análisis estructural extraído de la lingüística y vendría a ser una mediación entre el sujeto y el mundo, de los sujetos entre sí, y entre el autor y sí mismo.
Permítanse por ello ustedes, lectores, preguntarse por cómo surge el verso, cómo se generan esas atrevidas metáforas, qué representan, el porqué de ese orden de los poemas y no otro, cómo es que se dedican esas estrofas como pequeños pasos de la ternura, a la Garafía de Edi en su perfil de WhatsApp en La Laguna de todos, o junto a las cataratas en Búfalo, a las cuidadoras del denuedo esperando una ley de dependencia, a las habilidades de Vicky Santana, a la personalidad de Olga Rivero con su raya en los ojos ataviada, a lo esencial de Mili, al recuerdo de su abuela o de sus compañeras en el no tan lejano sindicato, su deseo de estar juntas y hacer piña en su mutuo reconocimiento y amistad irrevocable. Al imaginismo azul índigo de una tarde con Patricia o con Rosa en una peluquería en Corea del Norte. Subiendo a La Florida con Ángeles, que murió hace unos años y se llevó un poco de la vida de todas entre sus manos. Ahí está la playa, la arena, el mar y la isla de mujeres pescadoras, marineras, transidas de salitre mientras los políticos cuentan estrellas de mar en el Caribe.

© Roberto Cabrera

*Algunas notas extraídas de women resilience. Mujeres 8 de marzo y 19 ensayos literarios, libros de la autora

Publicado por aulapress2016

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